Emprendimiento

El problema es que amamos la normalidad

Pensás conversaciones que nunca se hacen realidad?

No sos la única persona. Lo mismo sucede con los sueños que tenemos, la mayoría de las veces se quedan como eso, simplemente sueños. Los cementerios albergan una cantidad inmensa de proyectos, emprendimientos, ideas y hasta disculpas que nunca se dijeron o se llevaron a cabo.

Soy fiel creyente de que un emprendedor debe pensar como un niño, pero me permito ampliar el concepto porque en realidad todos los seres humanos deberíamos pensar así. ¿Recordás esa curiosidad? Eso de preguntar todo, de asombrarse por lo nuevo, de hablar, de compartir… Preguntale a un niño qué quiere ser de grande y te va a dar una respuesta llena de ilusión, sin límites ni restricciones… Pero entonces crecemos.

Al convertirnos en adultos empezamos a ver la vida diferente, aprendemos términos como hipoteca, impuesto y hacienda. Nos limitamos por mucho y sacrificamos nuestros sueños más profundos con un simple “no puedo”, “es muy difícil”. El problema es que al crecer nos hacemos en realidad seres más pequeños.

Aunque muchas veces lo neguemos, nos importa demasiado lo que la gente piensa sobre nosotros. Actuamos y nos comportamos como la sociedad quiere que seamos, por ende, en vez de ser personas extraordinarias y apasionadas, nos convertimos en una copia al carbón de lo políticamente correcto, e incluso por no querer decepcionar a nadie, estudiamos una carrera que no nos gusta o iniciamos un trabajo que no nos apasiona en lo absoluto.

Es que tengo muchos problemas, decís. Lo que sucede es que vos sos quien le da valor a esos conflictos. Buscá una foto de cuando eras niño o niña y transportate a ese momento. No importa dónde estabas, sino cómo te sentías. Cerrá los ojos y tratá de conectar con ese momento. ¿Qué sentías? ¿Cuál era tu miedo? Ahora te pregunto, ¿Pasó o no pasó? Ya pasó… Así haya sido algo de lo que hoy te reís y pensás ¿Cómo pude haberme preocupado por eso? o tal vez era algo más serio y llorabas al lado del ataúd de mamá, ¿Pasó o no pasó? Igualmente, pasó. Así mismo con el problema que tenés hoy, en un futuro lo vas a recordar y vas a sonreír al pensar en cómo lo superaste. Ese fondo que hoy estás tocando es más bien el impulso de lo que vas a ser mañana.

Ahora, para entender la felicidad, buscá otra foto pero esta vez recordá un momento de alegría, lleno de felicidad. ¿Una casa en el árbol? ¿Un juego que ganaste? Tal vez algo incluso más simple como llegar a casa, ponerte pijama y brincar en cama de tus padres. Al igual que lo hiciste con la otra foto, conectá ese momento con tu vida adulta y vas a entender que la felicidad no es una casa paga, un carro del año y mucho menos pagar las deudas, sino ese momento de alegría sin explicación. Sonreí por ese momento de felicidad que tenés ahora mismo y decidite a iniciar eso que tanto querés, siempre ha dependido de vos.

Imaginá sin límites, sabiendo que todo se puede lograr. No te conformés con lo normal. Pensá más allá de tus límites y así cuando vayás a buscar el niño o niña que fuiste le podás decir: ¡No sabés la gran persona que vas a llegar a ser! SÓLO SEGUÍ CREYENDO.

Cesar Valdivia

Community Manager En Costa Rica cada vez es mayor la cantidad de gente que está en internet, es por eso que es fundamental conectar nuestros talentos y pasión con un público que nos está buscando, por tanto es nuestro deber dar la solución a una necesidad que existe en la sociedad.

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